El pasado 19 de abril tuve la oportunidad de asistir en Madrid a Good Girl Lab, la experiencia creada por Carolina Herrera para celebrar los diez años de Good Girl, una de sus fragancias más reconocibles. El evento tuvo lugar en el Palacio de Santa Bárbara, un espacio precioso que durante esos días se transformó para acoger una propuesta inmersiva pensada para recorrer el universo de la fragancia de una manera mucho más sensorial y cercana.
Una experiencia pensada al detalle
Más que una presentación convencional, lo que se planteó fue una experiencia completa. Todo estaba diseñado para que quien entrara pudiera sumergirse en el imaginario de Good Girl: el recorrido, la puesta en escena, la atmósfera, los detalles y la manera en la que se iba descubriendo cada espacio. La experiencia se celebró en varios pases durante tres días en Madrid, con acceso mediante reserva previa y una duración aproximada de 40 minutos.
Lo que más me interesó fue precisamente eso: ver cómo una marca convierte un producto en una experiencia con narrativa propia. Cómo una fragancia puede ir mucho más allá del perfume y construir un universo alrededor de una idea, una estética y una forma de hacer sentir.
Diez años de Good Girl
El evento coincidía con el décimo aniversario de Good Girl, y además servía para presentar Good Girl Jasmine Absolute, una nueva interpretación de la fragancia.
Me pareció muy interesante ver cómo una firma como Carolina Herrera trabaja sobre un icono ya consolidado sin perder su esencia. No se trataba solo de lanzar algo nuevo, sino de reforzar un universo ya existente, dándole una nueva lectura y ampliando todo lo que la marca ha construido durante estos años alrededor de esta fragancia.
El Palacio de Santa Bárbara como escenario
El entorno también tenía mucho peso. El Palacio de Santa Bárbara aportaba una presencia muy especial: un lugar con historia, con arquitectura y con mucha personalidad, que contrastaba muy bien con el planteamiento más contemporáneo de la experiencia.
Ese contraste entre espacio, marca y puesta en escena me pareció especialmente bien resuelto. Todo estaba pensado para acompañar la experiencia sin distraer, para reforzar la identidad de la firma y generar una sensación coherente de principio a fin.
Lo que me llevo de este tipo de encuentros
Como fundadora de Ardea, me interesa mucho observar cómo otras marcas construyen sus lenguajes y cómo los llevan a espacios físicos. Este tipo de eventos siempre dejan algo: ideas, referencias, maneras de presentar un producto, de contar una historia o de crear un entorno que sostenga la identidad de una marca.
En este caso, me quedo con el valor del detalle, con la capacidad de transformar un lanzamiento en una experiencia memorable y con la importancia de que todo hable el mismo lenguaje: el espacio, el producto, la narrativa y la estética.
Una manera de seguir aprendiendo
Salir de tu propio proyecto durante unas horas y mirar cómo otras marcas trabajan también es parte del proceso. A veces no se trata tanto de encontrar respuestas como de seguir afinando la mirada.
Asistir a Good Girl Lab de Carolina Herrera en Madrid fue, para mí, una forma de seguir observando, aprendiendo e inspirándome en cómo una marca puede construir una experiencia sólida, reconocible y bien dirigida alrededor de su universo.




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